Pasado, presente y futuro del Patrimonio Cultural de la Iglesia.

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Discurso de ingreso como Acad茅mico de Honor en la Real Academia de Bellas Artes de Santa Isabel de Hungr铆a, 17 mayo de 2010 del Excmo. y Rvdmo. Sr. D. Juan Jos茅 Asenjo Pelegrina Arzobispo metropolitano de Sevilla聽

"Quiero comenzar aclarando que mi intervenci贸n va a ser sobre todo divulgativa y no erudita En ella voy a informar sobre el estado de la cuesti贸n acerca de los bienes culturales de la Iglesia en Espa帽a, su origen, su conservaci贸n, las expectativas actuales y los 谩mbitos en los que en estos momentos la Iglesia est谩 trabajando[..]

obisposevillaComienzo mi intervenci贸n saludando cordialmente a la Excma. Sra. Directora de la Real Academia de Bellas Artes de Santa Isabel de Hungr铆a de Sevilla, a los miembros de su Junta de Gobierno, a los se帽ores Acad茅micos, a las autoridades, a los hermanos sacerdotes y a todos ustedes, que han tenido la deferencia de hacerse presentes en esta cita de la Academia. Agradezco a los miembros de la Academia el nombramiento como Acad茅mico de Honor, distinci贸n para la que no tengo m谩s m茅rito que el de ser Arzobispo de Sevilla, t铆tulo que debo, como reza mi sello episcopal a la gracia de Dios y a la benignidad de la Sede Apost贸lica. Gracias, por tanto, de coraz贸n. Es para m铆 un alto honor poder dirigirles la palabra desde este estrado que ha sido honrado por tantos ilustres conferenciantes, que son gloria de la cultura sevillana y espa帽ola. Quiero comenzar aclarando que mi intervenci贸n va a ser sobre todo divulgativa y no erudita En ella voy a informar sobre el estado de la cuesti贸n acerca de los bienes culturales de la Iglesia en Espa帽a, su origen, su conservaci贸n, las expectativas actuales y los 谩mbitos en los que en estos momentos la Iglesia est谩 trabajando. Al final har茅 una breve excursus sobre la dimensi贸n evangelizadora del patrimonio cultural de la Iglesia. Hablar茅 desde mi experiencia como Delegado Diocesano para el Patrimonio Cultural de al Iglesia en mi Di贸cesis de origen y desde mi servicio durante cinco a帽os como Presidente de la Comisi贸n Episcopal para el Patrimonio Cultural de la Conferencia Episcopal Espa帽ola.

1. Origen del patrimonio cultural de la Iglesia

Como p贸rtico de esta conferencia, puede ser 煤til decir una palabra sobre el origen de nuestro patrimonio cultural. A pesar de las guerras, expoliaciones y cat谩strofes naturales, el patrimonio cultural de nuestro pa铆s sigue siendo inmenso. Ocupamos uno de los dos primeros lugares del mundo, junto a Italia, en cuanto riqueza art铆stica y monumental se refiere. En su origen y constituci贸n a lo largo de los siglos hay que mencionar fundamentalmente a dos instituciones que lo han hecho posible, el Estado y la Iglesia, sin olvidar a la sociedad misma, tanto su estrato m谩s alto, la nobleza, como al pueblo sencillo, que tambi茅n contribuy贸 a su acrecentamiento.

El patrimonio cultural propiedad del Estado y de los particulares supone en torno al 20 % del entero patrimonio art铆stico nacional, mientras que el de titularidad eclesi谩stica se sit煤a en torno al 80 %. La Iglesia est谩, pues, y de forma muy significativa, en el origen de nuestro inmenso patrimonio cultural. Lo fue creando con sus propios recursos, con la ayuda de los fieles y con el mecenazgo de los particulares. En estos momentos la Iglesia en Espa帽a posee m谩s de 60.000 templos y lugares de culto, adem谩s de otros edificios como seminarios, conventos, monasterios, residencias episcopales, todos ellos necesarios para el cumplimiento de su misi贸n.

La Iglesia ha sido la creadora y es la conservadora, la defensora, transmisora y titular de todos estos bienes culturales. La Iglesia nunca ha negado que en esta custodia y transmisi贸n han existido fallos, omisiones y debilidades. Los hubo en el pasado y tambi茅n en tiempos recientes y probablemente los seguir谩 habiendo en el futuro. No dejan de ser la excepci贸n. La regla ha sido el amor y el cuidado de un patrimonio, que en gran medida se conserva gracias al celo y al trabajo an贸nimo de p谩rrocos y cabildos y a la ayuda y apoyo ejemplar de los fieles.

2. Los dos 煤ltimos siglos.No tenemos tiempo para hacer un recorrido m谩s amplio sobre la historia de la conservaci贸n del patrimonio cultural de la Iglesia. Me voy a limitar, por ello, a los dos 煤ltimos siglos y en concreto a los tres o cuatro momentos especialmente desgraciados: el primero es la Francesada, que tuvo unas consecuencias muy funestas en todo el territorio nacional. Salvo excepciones muy contadas, no hubo pueblo grande o peque帽o que se salvara. Grandes cantidades de obras de arte (pintura, escultura, orfebrer铆a y telas preciosas) desaparecieron. Muchas de ellas se encuentran hoy en los museos franceses o en otros museos europeos. La peor parte le correspondi贸 a la orfebrer铆a, muchas de cuyas piezas fueron convertidas en lingotes. Otro tanto sucedi贸 con gran n煤mero de 贸rganos barrocos, destruidos o mutilados en sus partes fundamentales.

Otro momento especialmente triste en la historia reciente de la conservaci贸n de nuestro patrimonio cultural fue la Desamortizaci贸n de los bienes eclesi谩sticos, iniciada ya en el reinado de Fernando VII y consumada por una ley de julio de 1837 del Ministro de Hacienda de Isabel II, Juan 脕lvarez de Mendiz谩bal. En virtud de esta Ley, los bienes de la Iglesia y de las comunidades religiosas fueron declarados bienes nacionales y puestos a p煤blica subasta. Hoy nadie duda de que la Desamortizaci贸n era una aut茅ntica necesidad social. Sin embargo, siendo necesaria, en su realizaci贸n concreta, fue muy mal ejecutada, con lo cual perdi贸 gran parte de sus virtualidades sociales. Los alt铆simos precios de salida en las subastas p煤blicas de los bienes r煤sticos y de los inmuebles, impidieron que los renteros de la Iglesia pudieran acceder a la propiedad de estos bienes, que pasaron a manos de la peque帽a nobleza rural, con lo que los ricos se hicieron m谩s ricos y los campesinos pasaron a depender de aquella, en ocasiones con menos entra帽as de misericordia que la Iglesia.

Desde el punto de vista art铆stico, que es el que ahora a nosotros nos interesa, la Desamortizaci贸n fue un enorme disparate, especialmente en relaci贸n con los Monasterios. Los nuevos due帽os se posesionaron de las tierras y abandonaron los edificios a su suerte. Con ello, se perdieron edificios extraordinarios y gran parte de los objetos art铆sticos que atesoraban y que sus nuevos propietarios no estaban en condiciones de valorar. Las quejas de los viajeros rom谩nticos, Ponz, Street y Cuadrado entre otros, son numerosas en sus libros de viajes. Podr铆amos poner innumerables ejemplos.

Por lo que respecta a la Guerra Civil quiero comenzar diciendo que soy consciente de que en una guerra, y m谩s si es entre hermanos, las mayores p茅rdidas no son las que afectan al patrimonio cultural. Pero no es 茅ste el tema que nos ocupa, sino las consecuencias que los acontecimientos de 1.931-39 tuvieron para nuestro patrimonio. Y tengo que decir que, buscando como causas gen茅ricas la ignorancia, el odio y las pasiones desbordadas, dichas consecuencias fueron aterradoras en las zonas donde el conflicto tuvo m谩s virulencia. Es el caso de los Obispados que yo conozco mejor Sig眉enza-Guadalajara, Toledo o C贸rdoba. En mis seis a帽os y medio como Obispo auxiliar de Toledo visit茅 todas las parroquias de la Di贸cesis. Si exceptuamos la capital, en la que buena parte del patrimonio qued贸 indemne, s贸lo encontr茅 cuatro o cinco en las que se conservan sus retablos y el resto de su ajuar lit煤rgico. En el resto todas las obras art铆sticas desaparecieron, entre ellas retablos impresionantes de Alonso de Covarrubias, Nicol谩s de Vergara, Juan Bautista V谩zquez, Juan Correa de Vivar, Hernando del Rinc贸n, etc. Y no digamos nada de lo acaecido con la catedral de Sig眉enza.

Paralelamente, en estos mismos a帽os, los a帽os subsiguientes al Concilio Vaticano II, tiene lugar lo que Juli谩n Mar铆as llam贸 "el gran desastre", que sin pretenderlo, supuso la reforma lit煤rgica del Concilio Vaticano II para nuestro patrimonio, como consecuencia de una lectura apresurada y torpe de sus documentos. En efecto, en aras de un liturgismo mal entendido, en m谩s de un caso, retablos renacentistas, neocl谩sicos o barrocos, fueron arrinconados en trasteras y desvanes, a la b煤squeda de una iglesia m谩s sencilla y cercana a los pobres. En ocasiones, sin demasiada reflexi贸n y con el fin de poner el altar cara al pueblo, se arrinconaron expositores y ostensorios valios铆simos y en el centro de los presbiterios, en los que la nobleza de la madera o de la piedra hab铆a sido desplazada por la plebeyez del terrazo, se instalaron mesas de altar anodinas, carentes de valores est茅ticos e incapaces de suscitar sentimientos de devoci贸n. Este fen贸meno, especialmente cruento en la meseta castellana y menos intenso en Andaluc铆a, hay que ponerlo en relaci贸n con la desaparici贸n de la asignatura de arte sacro de los estudios de teolog铆a de los Seminarios a la b煤squeda de materias aparentemente de m谩s calado pastoral.

Tengo que reconocer que en l铆neas generales estas actuaciones no fueron irreversibles y que, gracias a Dios, en los 煤ltimos veinte a帽os las aguas han vuelto a su cauce: la perspectiva de cuarenta a帽os de postconcilio ha servido para redimensionar muchas soluciones est茅ticas realizadas con prisas y sin criterios definidos, hasta el punto de que en los 煤ltimos a帽os, en no pocos lugares, muchas acciones concretas de restauraci贸n tienen por objeto la correcci贸n de estas soluciones desafortunadas.

3. Situaci贸n actual. Entro ya en la descripci贸n de la situaci贸n actual del patrimonio cultural de la Iglesia. Quiero decir de entrada que, a juicio de los expertos, vivimos un momento especialmente esperanzador. Se ha escrito, y no sin raz贸n, que aproximadamente desde 1.980, m谩s all谩 de episodios negativos concretos, el patrimonio art铆stico de la Iglesia en Espa帽a ha iniciado una etapa de aut茅ntica primavera. Las causas son, a mi juicio, las siguientes:

3.1. Una nueva sensibilidad en nuestro pueblo.

La primera es la nueva sensibilidad que en torno a estos temas comienza a existir en amplios sectores de nuestro pueblo, como consecuencia de la elevaci贸n del nivel cultural, el fen贸meno tur铆stico, que llega hasta las aldeas m谩s apartadas, y la presi贸n ben茅fica que en muchos casos est谩n ejerciendo sobre las autoridades de Cultura y sobre la misma Iglesia, al menos en la mitad norte de Espa帽a, las numeros铆simas asociaciones culturales que han surgido en muchos de nuestros pueblos y que consideran el patrimonio como nuestras se帽as de identidad y la s铆ntesis de nuestras ra铆ces hist贸ricas, religiosas y culturales. Muchas obras de restauraci贸n recientes tienen como causa desencadenante la presi贸n casi siempre cordial de algunas de estas asociaciones. Como prueba de este creciente aprecio de nuestro pueblo por su patrimonio, quiero recordar el 茅xito de las grandes exposiciones de los 煤ltimos a帽os, que han tenido como centro los Museos del Prado, Reina Sof铆a, el Thyssen-Bornemisza y el Museo de Bellas Artes de sevilla, entre otros; la gran acogida de que ha sido objeto todo el proyecto "Edades del Hombre" de la Iglesia en Castilla-Le贸n y otras muchas exposiciones que podr铆amos enumerar, que no se explican solamente por el "snobismo", ni parecen ser una moda pasajera.

Que esta nueva sensibilidad es cierta lo demuestra la colaboraci贸n econ贸mica ejemplar y las cuantiosas prestaciones personales de los fieles, tanto de los que viven habitualmente en nuestros pueblos, como de los que viven fuera, cuando se trata de restaurar iglesias y ermitas y tambi茅n bienes muebles, como despu茅s dir茅.

3.2. La elevaci贸n del nivel econ贸mico.

Una nueva causa que explica la mayor atenci贸n a la conservaci贸n y restauraci贸n de nuestro patrimonio es la elevaci贸n del nivel econ贸mico general del pa铆s, que ha permitido incrementar las asignaciones de fondos p煤blicos y tambi茅n privados, a trav茅s del mecenazgo, a un sector que hasta no hace muchos a帽os no se consideraba prioritario en la mente de muchos gestores de los asuntos p煤blicos, al menos mientras no estuvieran cubiertas otras necesidades m谩s perentorias.

3.3. La organizaci贸n auton贸mica del Estado.

Un nuevo hecho que est谩 influyendo de forma positiva sobre el patrimonio cultural de la Iglesia es la nueva organizaci贸n administrativa del Estado Espa帽ol, es decir el llamado Estado de las Autonom铆as, con la transferencia de competencias en esta materia, que las diecisiete Comunidades Aut贸nomas han asumido como uno de sus quehaceres prioritarios. En algunos casos, este inter茅s se acrecienta por considerar la atenci贸n al patrimonio como uno de los medios m谩s aptos para descubrir las propias se帽as de identidad y enraizar de este modo el sentimiento auton贸mico. Lo cierto es que hoy se gastan mayores sumas de dinero en patrimonio que cuando estas competencias eran exclusivas del Estado central.

Entre los a帽os 1986 y 1987, las diecisiete Comunidades Aut贸nomas firmaron los correspondientes Convenios de colaboraci贸n con las Iglesias de las regiones respectivas para la conservaci贸n, restauraci贸n y difusi贸n del patrimonio de titularidad eclesi谩stica. Todos estos Convenios son gestionados por las llamadas Comisiones Mixtas Iglesia-Consejer铆as de Cultura, comisiones paritarias que establecen las prioridades y programas, asignan los recursos y efect煤an el seguimiento de dichos programas. He de decir que, con algunas diferencias, los Convenios est谩n funcionando razonablemente bien y que cada a帽o se destinan importantes recursos a este sector.

3.4. Comisi贸n Episcopal y Delegaciones Diocesanas.

Me refiero a continuaci贸n a dos factores de car谩cter intraeclesial, que yo juzgo de la mayor importancia en la g茅nesis del momento esperanzador que vivimos. Me refiero en primer lugar a la creaci贸n en 1981, en el seno de la Conferencia Episcopal Espa帽ola, de una Comisi贸n Episcopal espec铆fica para el Patrimonio Cultural, que viene funcionando desde entonces con sus correspondientes expertos y t茅cnicos en cada uno de los sectores que conforman el patrimonio cultural. La creaci贸n de la Comisi贸n Episcopal de Patrimonio en 1.981 es un hecho de la mayor relevancia por cuanto que est谩 sirviendo como catalizador de ilusiones, veh铆culo de difusi贸n de ideas, a trav茅s del Bolet铆n "Patrimonio Cultural", y foro de debate y de intercambio de experiencias e iniciativas en las Jornadas Nacionales de Patrimonio Cultural de la Iglesia, que cada a帽o re煤nen a centenar y medio de Delegados Diocesanos, Archiveros y Muse贸logos de la Iglesia.

En este sentido es importante mencionar tambi茅n como motor de esta nueva sensibilidad la creaci贸n en todas las Di贸cesis, a partir de 1982, de las Delegaciones Diocesanas o Episcopales para el Patrimonio Cultural. No ser铆a justo, sin embargo, si en el origen de este nuevo clima no mencionara el entusiasmo y el trabajo de tantos sacerdotes que entienden que la atenci贸n al patrimonio cultural constituye una parte no desde帽able de su servicio pastoral y que incluso son los primeros en ponerse, nunca mejor dicho, "manos a la obra", porque entienden que la preocupaci贸n por la conservaci贸n del patrimonio es tambi茅n un servicio a nuestro pueblo, que no excluye, sino que complementa, el servicio espec铆ficamente pastoral.

4. Situaci贸n por sectores.

Entro ya en la descripci贸n de la situaci贸n concreta del patrimonio cultural de la Iglesia. Me atengo a la clasificaci贸n ya com煤nmente aceptada que divide los bienes culturales en: archivos y bibliotecas; bienes muebles y museos; bienes inmuebles y arqueolog铆a; y difusi贸n cultural. Quiero recordar de nuevo que en los 煤ltimos quince o veinte a帽os se ha producido en Espa帽a un progreso en todos estos sectores que muy pocos auguraban hace s贸lo cuatro d茅cadas. En este sentido, puedo aportar una experiencia personal: cuando yo viv铆a en Roma en los comienzos de la transici贸n y desde la Escuela de Archiv铆stica y Biblioteconom铆a del Archivo y Biblioteca Vaticanos de las que era alumno, nos organizaban visitas a archivos, museos, escuelas y talleres de restauraci贸n de iconograf铆a o de libros y documentos, advert铆a la enorme distancia que nos separaba de Italia, pa铆s puntero en lo que se refiere a la conservaci贸n de su enorme patrimonio. Hoy las cosas han cambiado mucho, gracias a Dios, y, en los 煤ltimos veinticinco a帽os, hemos recorrido un largo camino que ni los m谩s optimistas pod铆an so帽ar.

4.1. Archivos y bibliotecas.

Los archivos y bibliotecas han sido siempre la cenicienta de nuestro patrimonio. A pesar del esfuerzo que se ha hecho en los 煤ltimos a帽os, sigue siendo el sector m谩s deficitario. Es de destacar en primer lugar la gran distancia que existe entre los medios con que cuentan los grandes archivos estatales (Archivo Hist贸rico Nacional, Corona de Arag贸n, Simancas...) e incluso los provinciales, si los comparamos con los archivos de la Iglesia. Los primeros tienen personal suficiente (cuerpo de facultativos de Archivos y Bibliotecas) y unos recursos que van permitiendo su modernizaci贸n. Hasta los archivos municipales se van organizando y catalogando con ayuda de las Diputaciones.

En el caso de la Iglesia, se van dando pasos, aunque todav铆a, en algunos casos, los grandes Archivos Hist贸ricos Diocesanos, tan importantes para los investigadores pr谩cticamente hasta el siglo XX, son, en ocasiones, grandes almacenes de papel situados en lugares inh贸spitos, sin calefacci贸n, sin medios econ贸micos, ni instrumentos auxiliares y casi sin personal que catalogue las piezas archiv铆sticas. Bastante hacen los pobres archiveros con servir, como pueden, a los investigadores, que cada vez, en mayor n煤mero, se acercan a los archivos. Hay excepciones, sin embargo, de archivos eclesi谩sticos muy bien montados, con t茅cnicas modernas, inventarios v谩lidos y personal auxiliar: todos los catalanes, los de Castilla y Le贸n, Sevilla, Cuenca, Albacete, Madrid, Toledo, Oviedo, etc...

Por otra parte, contamos ya con la Gu铆a de los Archivos y las Bibliotecas de la Iglesia en Espa帽a, obra en dos vol煤menes, publicada por la Asociaci贸n Nacional de Archiveros Eclesi谩sticos, Le贸n 1.985. En ella se describen los fondos de cada uno de los archivos Diocesanos y catedralicios. Son ya muchas las Di贸cesis que han publicado el Censo-gu铆a de los archivos eclesi谩sticos, con una descripci贸n de los fondos con que cuenta cada archivo, incluso los parroquiales, y su cronolog铆a (Burgos, Vitoria, Bilbao, San Sebasti谩n, Oviedo, Cuenca, Albacete, toda Andaluc铆a).

En muchas Di贸cesis sigue adelante la concentraci贸n de los archivos de las peque帽as parroquias o de las parroquias desaparecidas, en el Archivo Hist贸rico Diocesano, al que se est谩 trasladando toda la documentaci贸n que tenga m谩s de cien a帽os. La 煤nica excepci贸n son aquellos archivos que tienen entidad por s铆 mismos, por la riqueza o cantidad de sus fondos o porque hay una comunidad detr谩s, que garantiza su conservaci贸n.

En gran n煤mero de Di贸cesis se han microfilmado, y en algunos casos digitalizado en los 煤ltimos a帽os la totalidad de los fondos archiv铆sticos, del archivo general y de los archivos parroquiales. En Catalu帽a se han informatizado ya la totalidad de los Archivos Diocesanos, que est谩n adem谩s interconectados entre s铆. Tambi茅n el de Albacete y el la Conferencia Episcopal Espa帽ola.

4.2. Bienes inmuebles.

Es 茅ste el sector de los bienes culturales de la Iglesia en el que m谩s se ha trabajando en los 煤ltimos a帽os por una raz贸n elemental: antes de restaurar el contenido es preciso asegurar y poner a punto el continente. Lo cierto es que, a nivel nacional, nunca se hab铆an hecho inversiones tan cuantiosas en la conservaci贸n y restauraci贸n de edificios religiosos, con una particularidad: aparte de las obras ordinarias de conservaci贸n, las obras que se est谩n realizando, se proyectan y ejecutan con una clara vocaci贸n de futuro, cuidando adem谩s no s贸lo los aspectos estructurales de los edificios, sino tambi茅n los decorativos y funcionales de los interiores de los templos. Las instituciones implicadas en la conservaci贸n del patrimonio mueble son las siguientes:

-- las Consejer铆as de Cultura de las Comunidades Aut贸nomas, a trav茅s de los respectivos Convenios con la Iglesia, cuya actuaci贸n se centra especialmente en los edificios declarados BIC.

-- las Di贸cesis, que cada a帽o destinan una cantidad de sus presupuestos a la conservaci贸n y restauraci贸n de su patrimonio.

-- las Diputaciones Provinciales, a trav茅s de los convenios firmados por estas instituciones con casi todas las Di贸cesis para la conservaci贸n de las Iglesias no monumentales, que se est谩n revelando como muy eficaces.

-- Algunos Ayuntamientos que colaboran tambi茅n con la Iglesia de forma generosa.

-- .... Y, sobre todo, las ayudas de los fieles, que en conjunto y, a nivel nacional, est谩n aportando en torno al 55 % de las cantidades que cada a帽o se invierten en la conservaci贸n y restauraci贸n del patrimonio inmueble. [La Di贸cesis de C贸rdoba ha invertido en restauraciones en el a帽o 2007 en torno a 8 millones de euros (1350 millones de pts., de los cuales 250 corresponden a la Consejer铆a de Cultura, 300 a los presupuestos del propio Obispado con la ayuda de CajaSur, 100 a los Ayuntamientos y otras instituciones y 750 a la ayuda de los fieles]. Quiero subrayar la importancia de esta colaboraci贸n. Sin la ayuda generosa de la gente sencilla de nuestros pueblos y tambi茅n de los que un d铆a emigraron y siguen vinculados a sus lugares de origen no ser铆a posible hacer ni la mitad de lo que en este momento viene haciendo la Iglesia en Espa帽a por la conservaci贸n de su patrimonio inmueble. Podr铆a referir docenas de casos ejemplares y elocuentes de las Di贸cesis que mejor conozco: Sig眉enza-Guadalajara, Toledo y C贸rdoba.

He de destacar el gran inter茅s pastoral de estas obras realizadas con la colaboraci贸n de las instituciones y de los fieles, como factor de vertebraci贸n social de nuestras comunidades, pues al mismo tiempo que restaura el edificio material, el pueblo se une y se cohesiona en torno a un objetivo de inter茅s com煤n. En muchos casos, se reconstruyen las relaciones humanas, la gente aprende a valorar sus monumentos e, incluso, se establece una nueva relaci贸n con la parroquia y con el mundo religioso.

Para terminar este apartado quiero decir que ni en 茅ste, ni en el sector de los bienes muebles son significativas las aportaciones del mecenazgo privado. La cultura del mecenazgo est谩 inici谩ndose entre nosotros. La raz贸n es que las exenciones fiscales son m谩s escasas en Espa帽a que en Francia, Alemania, Italia o USA. Ojala nuestros gobernantes tomen en serio las recomendaciones del Consejo de Europa en este sentido. Podr铆an ser un buen punto de partida para la elaboraci贸n de una ley de mecenazgo a la altura de lo que necesita y merece el patrimonio de nuestro pa铆s.

4.2. Bienes muebles y museos.

Por lo que respecta al sector de los bienes muebles, tengo que reconocer que hasta hace veinte a帽os este sector no ha tenido por parte de la Iglesia la atenci贸n que merec铆a por una raz贸n elemental, la necesidad de atender a la conservaci贸n de los inmuebles, para los que se han destinado grandes sumas provenientes de la propia Iglesia, de las instituciones y de los fieles. Por esta raz贸n, no ha habido programas sistem谩ticos de conservaci贸n y restauraci贸n de los bienes muebles, sino que se han ido aprovechando oportunidades coyunturales con ocasi贸n de pr茅stamos, de exposiciones organizadas por la propia Iglesia o convenios puntuales con el Instituto del Patrimonio Hist贸rico o con otros institutos o talleres de restauraci贸n.

Desde hace una veintena de a帽os, las cosas han comenzado a cambiar. En muchas Di贸cesis existen programas sistem谩ticos de restauraci贸n de bienes muebles con la ayuda t茅cnica de las Comunidades aut贸nomas o de otras instancias. Van surgiendo tambi茅n los talleres diocesanos de restauraci贸n.

En relaci贸n con el Inventario de los bienes muebles, tengo que decir que la Iglesia es muy consciente de su necesidad para poder conocer lo que tenemos, la calidad de las obras y su estado de conservaci贸n, para poder programar las restauraciones y para facilitar la b煤squeda de las piezas en caso de sustracci贸n. No obstante, nos queda todav铆a un largo camino por recorrer. La Iglesia posee en todos los casos el inventario elemental que prescribe C贸digo de Derecho Can贸nico. Dicho inventario debe existir en cada parroquia e incluso una copia en el Obispado. No todas las di贸cesis tienen, sin embargo, el cat谩logo general y exhaustivo, con ficha t茅cnica homologada, descriptiva de cada pieza y testigo gr谩fico de todos y cada uno de los retablos, tallas, orfebrer铆a, indumentaria lit煤rgica, pintura y dem谩s objetos preciosos de cada iglesia o ermita de la Di贸cesis. En estos momentos el inventario est谩 realizado 铆ntegramente en las Di贸cesis catalanas, Arag贸n, Navarra, Bilbao, Vitoria, Galicia, Castilla-Le贸n y Asturias y Rioja. En el resto, est谩 en camino. Es nuestro caso.

Por lo que respecta a los Museos de titularidad eclesi谩stica, su n煤mero se eleva a 385. En este n煤mero est谩n incluidos los museos diocesanos, catedralicios, parroquiales o de 贸rdenes religiosas. La situaci贸n de nuestros museos es muy desigual. Algunos est谩n cada vez mejor organizados, de acuerdo con las 煤ltimas orientaciones de la museolog铆a y con las necesarias medidas de seguridad. Otros, sobre todo los m谩s antiguos, se han quedado obsoletos, cosa que preocupa grandemente a los responsables, Obispos y cabildos, que buscan cauces para una nueva sistematizaci贸n. En algunos casos, especialmente en museos catedralicios, se han encontrado f贸rmulas imaginativas para que, adem谩s de la funci贸n cultural, el museo cumpla tambi茅n una funci贸n pastoral y evangelizadora. En estos momentos, estos son precisamente los dos retos a los que se enfrentan los museos de la Iglesia: la reorganizaci贸n y modernizaci贸n de sus instalaciones y su proyecci贸n pastoral.銆

4.3. Difusi贸n cultural.

Una palabra sobre la difusi贸n cultural. Destaco en primer lugar la colaboraci贸n asidua de la Iglesia con las grandes exposiciones que han venido organizando instituciones p煤blicas o privadas en los 煤ltimos veinticinco a帽os. Fuera de excepciones puntuales, creo que esta colaboraci贸n ha sido ejemplar, hasta el punto de que muchas de estas exposiciones no se hubieran podido celebrar sin la colaboraci贸n de la Iglesia. La Iglesia, por su parte, tambi茅n ha puesto su granito de arena en este sector. Enumero algunas de las exposiciones m谩s importantes organizadas por la Iglesia. Abri贸 el fuego Catalu帽a en 1985 con la magna exposici贸n titulada Thesaurus, el arte en los Obispados de Catalu帽a, 1.000-1.800" ; "Millennium", Catalu帽a 1991; Magna Hispalensis, Sevilla 1992; y a partir de 1988, el gran proyecto cultural de las once di贸cesis de Castilla-Le贸n, titulado "Las Edades del Hombre", que ha creado su propia metodolog铆a expositiva, imitada despu茅s por otras exposiciones organizadas por instituciones civiles y, lo que es m谩s importante, con un inequ铆voco marchamo evangelizador, con un mensaje a transmitir, con un relato o hilo conductor de las diferentes muestras. Hoy no hay exposici贸n organizada por la Iglesia que no tenga como caracter铆stica fundamental la evangelizaci贸n.

En el caso de "Edades del Hombre", este colosal proyecto ha supuesto un enorme esfuerzo de inventario y restauraci贸n de piezas, de investigaci贸n, catalogaci贸n y edici贸n de fondos musicales con aut茅nticas sorpresas. Lo m谩s importante es que la Iglesia ha encontrado su propia metodolog铆a en este campo, consiguiendo montajes brillantes y buscando al mismo tiempo la educaci贸n en la fe y la evangelizaci贸n.

5. El Plan Nacional de Catedrales.

Por su importancia, es preciso decir una palabra sobre el Plan Nacional de Catedrales, que tantas expectativas ha suscitado en el seno de la Iglesia y en la propia sociedad, por tratarse del conjunto monumental m谩s importante de nuestro pa铆s. Fue firmado por la Ministra de Educaci贸n, D帽a. Esperanza Aguirre, y Cultura y el Arzobispo Presidente de la Conferencia Episcopal Espa帽ola, Mons. El铆as Yanes, el d铆a 25 de febrero de 1997. En 茅l ambas instituciones declaran su inter茅s coincidente en la conservaci贸n de este conjunto monumental, en el marco del art. 46 de la Constituci贸n y del art. XV del Acuerdo entre la Santa Sede y el Estado Espa帽ol sobre Ense帽anza y Asuntos Culturales.

El aspecto m谩s importante del Plan de Catedrales es su misma existencia, consagrada a trav茅s de un convenio, con el compromiso solemne por parte del Estado de atender de forma prioritaria en los a帽os siguientes a estos monumentos, muchos de los cuales estaban en condiciones muy precarias de conservaci贸n como consecuencia de la antig眉edad de los edificios, sus grandes dimensiones, la fragilidad de sus materiales, la contaminaci贸n, el tr谩fico rodado que los circunda y la afluencia tur铆stica cada vez m谩s creciente. Destaco los puntos m谩s importantes que quedan asegurados en el convenio:

-- La elaboraci贸n del Plan Director de cada catedral, que es como una especie de Libro Blanco en el que se describe la situaci贸n de cada edificio y de los bienes muebles que contiene, sus patolog铆as, sus prioridades y soluciones, indicando el camino a seguir en su restauraci贸n, periodizando los procesos y valorando las inversiones. Es como un vadem茅cum o gu铆a, de acuerdo con la cual se est谩n realizando las intervenciones en cada edificio. En estos momentos tienen ya el Plan Director finalizado todas las catedrales espa帽olas. Es de notar que la redacci贸n de cada Plan Director es responsabilidad de un arquitecto especialista, ayudado por un equipo pluridisciplinar en el que se incluyen dos representantes del Obispado o del Cabildo respectivo.

-- La financiaci贸n del Plan corre a cargo de los presupuestos del Ministerio de Educaci贸n y Cultura, del 1% cultural del Ministerio de Fomento, de las Consejer铆as de Cultura de las Comunidades Aut贸nomas mediante los correspondientes conciertos, con la colaboraci贸n tambi茅n de aquellos Cabildos que tengan posibilidades econ贸micas. Las inversiones anuales est谩n siendo entre 60 y 90 millones de pts. en cada Catedral, que es la cantidad que se estima que puede soportar un edificio vivo, que est谩 abierto al culto y que tiene que seguir funcionando.

-- Otro aspecto importante incluido en el Acuerdo son las Comisiones de seguimiento y evaluaci贸n. Existe una Comisi贸n Mixta, formada por tres representantes de la Conferencia Episcopal y otros tres del Ministerio, que se re煤nen peri贸dicamente para hacer el seguimiento de los programas de inversiones e informarnos mutuamente de los problemas que van surgiendo.

La valoraci贸n global del Plan Nacional de Catedrales por parte de la Conferencia Episcopal Espa帽ola es positiva. La gesti贸n est谩 siendo muy correcta y el nivel de informaci贸n a la representaci贸n de la Conferencia Episcopal en la Comisi贸n Mixta es aceptable. Tengo que a帽adir que el 21 de noviembre de 2006 se firm贸 con la Sra. Ministra de Cultura D帽a. Carmen Calvo un convenio que desarrolla el convenio general, en el que el Ministerio se compromet铆a a iniciar obras de restauraci贸n en el bienio 2007-2008 en 43 catedrales espa帽olas.

5. La dimensi贸n evangelizadora del patrimonio cultural de la Iglesia.

Una de las causas que m谩s est谩 influyendo en el interior de la Iglesia en el mayor aprecio de nuestro patrimonio cultural es el redescubrimiento de su verdadera naturaleza: se trata de un conjunto de bienes nacidos de un impulso teologal, nacidos al calor de la fe y para la gloria de Dios. Nadie puede explicar el origen de nuestras catedrales, de nuestros templos, de nuestros retablos si s贸lo considera m贸viles est茅ticos o decorativos y si no tiene presente una finalidad eminentemente religiosa en patronos y mecenas, en maestros y artesanos, convencidos de que Dios se merece lo mejor.

Pero adem谩s, en el origen de nuestros tesoros art铆sticos hay una finalidad evangelizadora. Surgieron con una finalidad catequ茅tica, es decir, para ser, en frase del Papa San Le贸n Magno, el Evangelium pauperum, que no significa tanto el "Evangelio de los pobres", cuanto "la Biblia en piedra o en madera para la evangelizaci贸n de los iletrados", de los que no sab铆an leer o escribir, que en la Edad Antigua, en la Edad Media e incluso en 茅pocas posteriores, eran la mayor铆a. La verdad es que esta finalidad catequ茅tica no se impone sin lucha. Las primeras generaciones cristianas, deudoras todav铆a del juda铆smo, se resisten a las representaciones figurativas. Pero muy pronto, a partir del a帽o 200, se comienza a decorar con im谩genes los lugares de reuni贸n de los cristianos. El hecho de que el Concilio de Elvira, celebrado en el a帽o 300 junto a Granada, lo proh铆ba, es signo de que la costumbre iba afianz谩ndose en las catacumbas, en las peque帽as iglesias del Asia Menor, y, muy pronto, con la libertad de la Iglesia en el a帽o 313, en baptisterios e iglesias del mundo mediterr谩neo, cuyas paredes se decoran con pinturas al fresco del Antiguo y Nuevo Testamento para la educaci贸n en la fe de los nuevos cristianos.

Llegamos al per铆odo m谩s reciente, que yo situar铆a a partir de 1960. Son los a帽os del desarrollo econ贸mico en los que crece el mercado del arte, el anticuariado y el coleccionismo. Son a帽os en los que la Iglesia no tiene todav铆a inventarios t茅cnicos. No existe adem谩s una polic铆a especializada. Si a ello unimos la ignorancia y la incuria por parte de algunos responsables, la ausencia generalizada de medidas de seguridad y la escasa sensibilidad del pueblo por su patrimonio, no nos extra帽ar谩 el gran asalto, a veces planificado desde el extranjero, contra nuestro patrimonio cultural. Nombres como los de Erik el Belga, el retablo de San Miguel de Aralar y las tablas de Alonso de Berruguete en Paredes de Nava, son s贸lo la punta visible del iceberg de una expoliaci贸n que alcanza cerca de 35.000 piezas de titularidad eclesi谩stica y tambi茅n estatal, que incluso ahora, de cuando en cuando, se van recuperando.Tengo que decir que el primero que elabor贸 un programa iconogr谩fico para ense帽ar las verdades de la fe a trav茅s de la belleza fue el poeta calagurritano Aurelio Prudencio hacia el a帽o 400. Dicho programa para la decoraci贸n de las bas铆licas, redactado en verso, es conocido con el nombre de "Dittochaeum". Consta de 48 t铆tulos de historias, cada una con cuatro versos, a modo de r贸tulos explicativos para otras tantas escenas. Los 24 primeros son del Antiguo Testamento, con Ad谩n y Eva, los patriarcas, Mois茅s y la liberaci贸n de Egipto, el desierto, los reyes, los profetas y el destierro. Los otros 24, que corresponder铆an a la pared opuesta, son escenas del Nuevo Testamento, la anunciaci贸n, el nacimiento, distintas momentos de la vida p煤blica de Jes煤s, pasi贸n y ascensi贸n al cielo, escenas de la vida de Esteban, Pedro y Pablo, para acabar con el Cordero del Apocalipsis. En suma, se trata de una s铆ntesis de la Historia de la Salvaci贸n, leyendo el Antiguo Testamento desde una perspectiva cristol贸gica.

Vendr谩n despu茅s los mosaicos de las bas铆licas constantinianas de Roma, los iconostasios bizantinos, los frescos de las iglesia rupestres de Capadocia, las pinturas murales y las portadas del rom谩nico, las vidrieras g贸ticas y los grandes retablos g贸ticos, renacentistas o barrocos, que nunca tienen una funci贸n meramente decorativa sino tambi茅n evangelizadora, algo que en esta hora, en que todos hemos sido convocados a una Nueva Evangelizaci贸n, hemos de tratar de recuperar.

6.1. "La evangelizaci贸n 鈥搉os dijo el Papa Pablo VI- constituye la dicha y la vocaci贸n de la Iglesia, su identidad m谩s profunda". 脡l nos dijo tambi茅n, y nos lo repiti贸 miles de veces Juan Pablo II, que la Iglesia vive para evangelizar, que la raz贸n de ser de sus instituciones y de sus miembros no puede ser otra que el anuncio expl铆cito de Jesucristo vivo, 煤nico salvador y redentor, 煤nico camino, verdad y vida para el hombre. En la Carta apost贸lica Novo millennio ineunte nos dec铆a Juan Pablo II que en esta hora de la Iglesia y del mundo "hace falta reavivar en nosotros el impulso de los or铆genes, dej谩ndonos impregnar por el ardor de la predicaci贸n apost贸lica despu茅s de Pentecost茅s. Hemos de revivir en nosotros el sentimiento apremiante de Pablo, que exclamaba: 'ay de m铆 si no evangelizare' (1 Cor 9,16)". Esta tarea, como la santidad, no puede ser delegada a unos pocos "especialistas", sino que debe estimular la acci贸n de todo el Pueblo de Dios, de todos los sectores de la pastoral diocesana y tambi茅n de la parcela del patrimonio cultural, pues nada necesita nuestro mundo con m谩s urgencia que a Jesucristo, el 煤nico que puede dar respuesta a los grandes problemas del mundo, fuente de sentido, de seguridad, de firmeza y consistencia para el hombre y manantial de esperanza para todos.

6.2. A veces podemos sentir un cierto pudor a la hora de concebir y hacer operativa la misi贸n evangelizadora de nuestros bienes culturales. A veces, al mostrar esos bienes, el mensaje que queremos transmitir es tan impl铆cito que se torna ininteligible. En otras ocasiones, destacamos s贸lo el servicio que la Iglesia ha prestado secularmente a la cultura o a los necesitados, o concebimos la visita tur铆stica como una mera pre-evangelizaci贸n, aplazando sine die, el anuncio expl铆cito de Jesucristo. En la exhortaci贸n apost贸lica Evangelii nuntiandi nos dej贸 escrito Pablo VI que "no hay evangelizaci贸n verdadera mientras no se anuncie el nombre, la doctrina, la vida, las promesas, el reino y el misterio de Jes煤s de Nazareth, Hijo de Dios". No es ocioso traer aqu铆 el testimonio de un te贸logo protestante en las v铆speras de la Segunda Guerra Mundial: "No hay mayor impiedad que ofrecer al mundo algo menor que Jesucristo" (D. Bonhoeffer).

6.3. Anunciar a Jesucristo es, pues, la raz贸n 煤ltima que acredita y legitima el servicio al patrimonio de Di贸cesis, sacerdotes y cabildos. Es 茅sta en realidad una pastoral verdaderamente misionera, porque el patrimonio cultural es frecuentemente el 煤nico eslab贸n que une con la Iglesia, a trav茅s de la visita tur铆stica, a los que no creen, a los alejados y a tantos hermanos que han abandonado la fe o la pr谩ctica religiosa en los 煤ltimos a帽os. Para ello se necesita valent铆a y audacia, coraje y caridad pastoral en los responsables, p谩rrocos o can贸nigos. Se necesita tambi茅n imaginaci贸n para articular un discurso discreto, respetuoso y alejado del proselitismo, pero al mismo tiempo expl铆cito, sin complejos, atractivo, convincente

6. Recuperar la dimensi贸n evangelizadora del patrimonio cultural. n la palabra de los gu铆as, en los paneles, folletos, gr谩ficos, fotograf铆as retroiluminadas y audiogu铆as, t茅cnicas de intermediaci贸n en las que tendr铆amos que esmerarnos especialmente. Por ello, habr铆a que crear en todas las Di贸cesis escuelas de gu铆as tur铆sticos y procurar no s贸lo su formaci贸n art铆stica, teol贸gica y catequ茅tica, sino, sobre todo, que sean personas "de casa", de una identidad cristiana neta, de vigor apost贸lico, verdaderamente convencidas de la importancia de su labor y capaces de acoger al turista con respeto y con calor, pues a la Iglesia nadie debe ganarle en humanidad. Cuando se trata de mostrar un templo, ellos deben ser los primeros convencidos de su sacralidad, de su condici贸n de espacio vivo, porque es el lugar de reuni贸n de la asamblea, donde cada d铆a se realiza el milagro de la Eucarist铆a y donde consiguientemente se encuentra el Se帽or, de manera que el visitante se sienta invitado a participar en el misterio.

6.4. En la tarea de aprovechar las potencialidades evangelizaras de nuestro patrimonio chocamos con una dificultad fundamental, la secularizaci贸n de la sociedad, impermeable ante lo religioso, y las presiones que la Iglesia recibe cada d铆a de determinadas instancias para que despoje su discurso de referencias a la fe, pretensi贸n 茅sta contraria a toda l贸gica, puesto que una obra de arte que ha surgido por y para la fe no puede entenderse sin apelar a la fe que la cre贸. Efectivamente, el creciente debilitamiento del sentido sagrado del patrimonio religioso, fruto de la secularizaci贸n que a todos nos envuelve, tiende a considerar 煤nicamente los aspectos est茅ticos y culturales de estos bienes o su dimensi贸n econ贸mica como generadores de riqueza. La Iglesia no niega tales valores culturales, ni sus potencialidades tur铆sticas o incluso econ贸micas, que en todo caso ser谩n una redundancia, pero que nunca podr谩n ser las finalidades decisivas. Y digo esto a prop贸sito de algunos planes de instituciones p煤blicas, que est谩n elaborando programas de explotaci贸n cultural y tur铆stica de alguna catedral prescindiendo de su significaci贸n y destino religioso. En el fondo, se parte de la base de que lo religioso es algo que pertenece al pasado, a una fase superada de la historia de la humanidad. nuestro patrimonio. El arte cristiano ha sido durante siglos el 煤nico camino de evangelizaci贸n de los iletrados, de los que no eran capaces de leer el Evangelio o el Catecismo. Hoy son tambi茅n legi贸n los bautizados que no han sido evangelizados, los no practicantes, los agn贸sticos y los no creyentes, cuyo 煤nico v铆nculo con la Iglesia es la visita a nuestras catedrales y museos. Tambi茅n a estos los hemos de evangelizar.

Tales planes, que ignoran completamente la identidad propia del monumento, en este caso la catedral, entra帽an una notable perversi贸n, puesto que la degradan y envilecen. La finalidad de una catedral es muy otra: la gloria de Dios, el culto solemne, la oraci贸n, la evangelizaci贸n y su condici贸n de c谩tedra del Obispo, finalidades todas ellas que justifican su existencia antes y mejor que cualquier otra consideraci贸n. Se ha de tener en cuenta adem谩s que cuando la catedral cumple bien estas finalidades ya est谩 haciendo cultura. Nuestro patrimonio religioso en general ha nacido para cumplir una misi贸n: ser manifestaci贸n de la fe comunitaria de los creyentes en Cristo, celebraci贸n de la fe, acicate y alimento de la misma fe a partir de la belleza de las obras de arte, reflejo de la hermosura infinita de Dios, y anuncio expl铆cito de Jesucristo a los que no creen en 脡l. Todos estos datos conforman su identidad y hacen que el patrimonio cultural de la Iglesia sea un patrimonio peculiar.

6.5. Hoy m谩s que nunca urge recuperar la dimensi贸n evangelizadora de

En los 煤ltimos a帽os han surgido iniciativas interesantes en el campo de la evangelizaci贸n a trav茅s del patrimonio cultural. Es el caso de la Federaci贸n Ars et Fides, representada en Espa帽a a trav茅s de N谩rtex, de algunas experiencias llevadas a cabo en la escuela de gu铆as de la Di贸cesis de Segovia, en la parroquia de Santo Tom茅 de Toledo y en algunas otras Di贸cesis empe帽adas en el acompa帽amiento y formaci贸n de los gu铆as. Hay Di贸cesis tambi茅n en las que est谩n colaborando ejemplarmente las Delegaciones Diocesanas de Patrimonio, Catequesis y Ense帽anza, preparando materiales audiovisuales a partir del propio patrimonio diocesano para la catequesis o la clase de religi贸n. Con todo, estoy convencido de que podr铆amos hacer mucho m谩s. Esperemos que estas iniciativas se multipliquen y contribuyan no s贸lo a la interpretaci贸n fiel del patrimonio, sino tambi茅n a la evangelizaci贸n.

6.6. Antes de terminar, y sin despreciar otros aspectos en los que no me puedo detener, quiero repetir que el patrimonio cultural de la Iglesia, es decir, la belleza nacida de la fe y del manantial l铆mpido y fecundo del Evangelio, tiene un valor evangelizador incontestable. Bien aprovechado es un puente tendido hacia la experiencia religiosa. Desde la contemplaci贸n de esa belleza ser谩 posible encontrar el camino hacia la verdad y la bondad que s贸lo se encuentra en Cristo, 煤nico salvador y redentor, mediador 煤nico entre Dios y los hombres, la 煤nica v铆a que nos lleva a la libertad, a la comuni贸n y a la felicidad. Que esto no es una quimera y que el arte verdadero tiene capacidad para suscitar la nostalgia de Dios y de lo religioso lo demuestra la historia de la conversi贸n del fil贸sofo espa帽ol Manuel Garc铆a Morente, en su humilde pensi贸n de exiliado en Par铆s el 29 de abril de 1937, mientras escuchaba en la radio la belleza sublime de la Infancia de Jes煤s de H茅ctor Berlioz, en este caso un bien cultural de naturaleza inmaterial e intangible. Este es tambi茅n es el caso de Paul Claudel, en la tarde de Navidad de 1886, en la que movido por un sentimiento m谩s est茅tico que religioso, penetra en Notre Dame de Par铆s mientras se cantan las v铆speras y queda subyugado por la majestuosidad del g贸tico catedralicio, por la m煤sica del 贸rgano y por la belleza de lo que despu茅s 茅l supo que era el Magn铆ficat gregoriano, entonado por un coro de ni帽os y el coro del Seminario de Saint Nicolas du Chardonnet. Este puede ser el camino de otros hombres y mujeres de buena voluntad que se acercan a nuestros bienes culturales. A nuestro alcance est谩 la posibilidad de tenderles la mano para que la belleza visible sea camino y sacramento de encuentro con la belleza invisible de Dios.銆

Termino ya agradeciendo a todos su atenci贸n. Si he conseguido ayudarles a conocer mejor la situaci贸n actual del patrimonio cultural de la Iglesia, y sobre todo, si he logrado ayudarles a descubrir sus potencialidades evangelizadoras y su verdadera identidad, habr茅 cumplido el objetivo principal de mi discurso de ingreso en esta Academia, pues anunciar a Jesucristo a trav茅s de los bienes culturales es el mejor servicio que podemos prestar a nuestros conciudadanos, compartiendo con ellos el mejor tesoro que posee la Iglesia, Jesucristo, "centro de la humanidad, gozo del coraz贸n humano y plenitud total de sus aspiraciones", en expresi贸n feliz del Concilio Vaticano II (GS 45).

+ Juan Jos茅 Asenjo Pelegrina, Arzobispo de Sevilla

脷ltima actualizaci贸n el S谩bado, 09 de Abril de 2011 17:20

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